Sevilla triunfa sobre Barcelona en la Copa del Rey

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Hidalgo Sport. Marca.- El Sevilla reventó el plan ‘B’ de Valverde. Ante un Barça parcheado, bien plantado en el inicio, el cuadro de Machín supo esperar con paciencia como un buen francotirador. Sarabia y Ben Yedder rompieron la igualdad. La eliminatoria está en el alambre porque Valverde tiene a Messi en la recámara y el Sevilla no tendrá a Sarabia y Navas, por estar lesionados.
Se podía pensar que el partido no afectaba al Barça, preocupado por dar descansos o atar fichajes en Amsterdam. Mala sensación. El cuadro azulgrana, con ritmo de balón y mucha presión al rival, derramó personalidad de inicio. Le faltaba magia, pero le sobraba entereza.
Valverde enseñó la baraja. Su jugada era victoria o victoria: si le salía bien era un héroe, si le salía mal le sobraban excusas. El entrenador ha elegido enero como el mes en el que el barcelonismo se tiene que acordar de Roma, de la fatiga muscular y de las rotaciones.
A ningún culé le quitaba las ganas de cenar que Messi viera el partido en pijama o que Suárez, Jordi Alba y Coutinho estuvieran bajo el tejado del banquillo sevillano. La gran sorpresa fue la alineación del último recluta, Boateng, procedente de todos los mundos, quien sólo tuvo una merienda para conocer a los compañeros.
El agotamiento local
Al Sevilla invernal le faltan burbujas, factura normal cuando las plantillas no llevan excedentes. El partido dejó dos piezas clave en la camilla, Jesús Navas y Sarabia, rotos en el suelo con el tradicional gesto de la lesión muscular. El crucigrama se le complica a Machín en el Everest de la temporada.
Machín dejó de inicio en el parking a Vaclik y André Silva, dos de sus pósters de la temporada. Para ver un gran Sevilla hay que ver un gran Banega, pieza clave en la cadena de montaje de Machín. Al cuadro local le costó masticar el partido. El número pin lo encontró Jesús Navas, que lleva 15 años lanzando buenos centros desde la derecha. Entre él y Ben Yedder, inquieto y mordaz, agitaron el Pizjuán.
Valverde dio cancha a Boateng, viajero y futbolista, de la especie a la que no le gusta echar raíces en una ciudad, quien entró en la expedición cuando apenas le habían tallado. Un futbolista así, el alumno que hay en toda las clases que tira el borrador contra la pizarra, no necesita un modelo al que seguir. Su profesión es entrar en un departamento, encender la luz y marcharse cuando llega el verano. El Pizjuán no le asustó. Plantó su armadura de espaldas, recibió el balón y lo durmió como si llevara tres días con el equipo.
El partido era un nudo sin ocasiones de gol en el que se encontraba más cómodo el Barça. Los terremotos se hicieron esperar hasta los últimos suspiros de la primera parte. Ben Yedder rozó el gol en dos travesuras, pero la más clara la desperdició Malcom, quien recibió un gran pase de Arthur, siempre elegante, para mandar el balón al lateral de la red tras evitar a Soriano.
La ración fija de polémica llegó por la reclamación local de una mano de Arturo Vidal y la posición de Amadou en el primer gol. En ambas situaciones pareció que el árbitro no iba mal encaminado. El partido nunca se desbocó. Se jugó como un partido de Copa, sin un segundo de descanso y con una miradita en la vuelta.
Cuando el Pizjuán era un volcán Valverde dio entrada a Luis Suárez y Coutinho, una entrada de dos jugadores que se ve pocas veces en el planeta. Se fueron Boateng y Malcom, marcado por una mala noche. El brasileño desplegó voluntad y muchas indecisiones. Coutinho tampoco mejoró sus prestaciones.
Con el partido en un tiovivo Ben Yedder obtuvo el premio que buscó toda la noche. Banega le puso el balón en el segundo palo. Falta saber el plan de Valverde para la vuelta. El campeón está en problemas, pero tiene la llave maestra de Messi.

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